miércoles, 19 de abril de 2017

Entrevista a Juan Manuel Olarieta

Antes de nada agradecer a Juan Manuel Olarieta que se haya prestado a hacer la entrevista para este blog.
 1- ¿Cómo empezó tu conciencia política o cómo tomaste conciencia de los problemas sociales?




La propia pregunta lo dice: porque hay problemas sociales, a lo que yo añadiría los problemas políticos. Para buscar respuestas tienes que hacerte preguntas, tienes que tener dudas o interrogantes sobre lo que ves a tu alrededor. En mi caso las preguntas surgen como consecuencia de haber nacido en una familia de represaliados políticos de la guerra, que tuvieron que ir al exilio. En mi  familia se hablaba de aquello, aunque se hacía en voz baja, sólo entre amigos de mucha confianza.

Otras preguntas surgieron por haber nacido en una localidad obrera, como Barakaldo, donde el eco de la explotación era muy vivo y las  condiciones de vida de los trabajadores eran espantosas. Los obreros me hablaban continuamente de la guerra, de la resistencia antifascista, la guerrilla y de las luchas del momento. 

Un tercer tipo de preguntas surgieron de la opresión nacional. Yo nací en una familia vascoparlante que no podía hablar su idioma, salvo en casa. Luego, las acciones de ETA y el juicio de Burgos en 1970 siempre estuvieron presentes.

2- ¿Qué significado e importancia tiene la palabra AMNISTÍA en la actualidad?

La misma que siempre ha tenido desde el final de la guerra en 1939. Es una constante, a pesar de que algunos hayan intentado  olvidarla después de la transición. La liberación de los presos políticos es una responsabilidad primordial para todos los  antifascistas porque quienes permanecen encarcelados han sacrificado su vida por las mismas reivindicaciones que las masas plantean en la calle.
Pero la amnistía tiene otro aspecto importante y es que en el futuro el incremento de la represión llevará a la cárcel a nuevos presos, y hay que impedir que eso ocurra. No es una consigna sólo para el pasado sino también para el futuro, para los presos que van  a entrar en prisión.

La amnistía es, además, una reivindicación fundamental para la unidad de los antifascistas, porque pone encima de la mesa los principios más importantes de cualquier movimiento progresista, como la solidaridad.

3- ¿Cuáles son los principios básicos y fundamentales que debe tener una organización o colectivo que se defina como solidario?

La solidaridad es ya una definición en sí misma porque es la defensa de aquellos que son injustamente perseguidos, detenidos,  juzgados y encarcelados por luchar contra el fascismo y por un cambio del Estado y la sociedad en favor de los trabajadores.

La solidaridad auténtica, como digo, crea unidad, colaboración, trabajo político en común. Además, yo añadiría también entre los principios la democracia y la independencia, para destacar dos aspectos que me parecen muy importantes. El primero, la democracia, exige que las decisiones de cualquier organización antifascista las tomen sus propios miembros.
La segunda, la independencia, significa que, si la organización lucha contra el Estado, debe permanecer al margen del propio Estado y sus redes de intereses e influencia, tales como subvenciones y demás.

4- Últimamente vemos que cada vez salen más partidos que se declaran de izquierdas o que dicen estar con el pueblo. ¿Crees que hay oportunidad para algún partido en las elecciones dentro del contexto español?

Nunca he sabido lo que es eso de “la izquierda” y nunca juzgo a nadie sólo por lo que dice. Si alguien dice que está con el pueblo, me parece estupendo. Que lo demuestre. Estar con el pueblo es un compromiso de lucha. Que lo demuestre. Siempre serán bienvenidos.

En cuanto a las elecciones, hay que destacar un problema de fondo: las elecciones no son la causa sino la consecuencia de la libertad. Para que se pueda participar en unas elecciones tiene que haber derecho de reunión, asociación y manifestación. De lo contrario son una farsa, que es lo más corriente en la actualidad.

Como esas libertades no existen, el camino electoral es cada vez más estrecho, si es que hay algún camino ahí que recorrer. Pero en ese tipo de debates creo que hay una segunda confusión interesada y deliberada: una cosa es participar en unas elecciones porque se celebran en un momento en el que los debates políticos salen a flote y eso convoca a las masas, y otra muy distinta es el resultado de esas elecciones.

Para un partido revolucionario las elecciones, en determinados momentos, pueden ser algo en sí mismo y puede ser importante participar sólo por el hecho de que las masas están alerta. Pero otra cosa muy distinta es decir que se van a conseguir concejales o 
diputados que van a cambiar algo dentro de las instituciones. Eso es absolutamente falso. No hay ninguna posibilidad ahí.

Por lo tanto, en el contexto actual lo más normal es llamar al boicot, que es diferente de la abstención, del mero hecho de no votar. 
Hay que movilizar y luchar activamente por el boicot electoral, con campañas, octavillas, reuniones y demás formas de agitación.
Pero en esto no hay que ser cuadriculados. En determinados momentos puede ser interesante presentarse a unas elecciones o llamar a votar a determinados candidatos. Eso hay que decidirlo en cada caso.


5- Enlazando un poco con la pregunta anterior, cuál es tu visión de la situación política actual en el estado español?

La situación se puede resumir con expresiones tales como crisis o bancarrota política. El régimen fascista logró remontar su crisis tras la transición por el apoyo que le prestó entonces la llamada “oposición domesticada” y con ese apaño han aguantado un poco más. 
Ahora intentan lavar otra vez su fachada volviendo a sembrar falsas ilusiones, con tinglados del estilo de Podemos, pero eso no va a ninguna parte porque, aparte de la crisis política, hay una profunda crisis capitalista que no lo permite.

A ello se añade una crisis internacional que está haciendo temblar los cimientos de las instituciones que el mundo creó en la posguerra, hasta el punto de ponerlo al borde de una situación extrema.

Hay una profunda desmoralización entre las masas y un descrédito creciente de los medios de comunicación y las instituciones públicas. Lo que falta es organización y ese es el punto crucial sobre el que actúa la represión fascista: tratar de impedir la organización por todos los medios.

6- Hace no mucho, vimos cómo imponían a Valtonyc y a otros artistas penas de hasta 3 años por cantar o hacer letras. ¿Crees que esta represión va a ir a más?, ¿Cómo debemos responder ante ella?

Ya está dicho: la represión va a ir a más, no sólo cuantitativamente sino también cualitativamente, es decir, van a perseguir a todos esos que ahora mismo hablan de que este es un país democrático o de que hay libertad.
La única respuesta a la represión es la organización de la solidaridad, por lo que también he dicho: porque su objetivo es impedirlo. 
La lucha y la solidaridad se deben organizar y si hoy la represión se ha extendido tan ampliamente es por falta de organización. Eso permite que a ellos la represión “le salga gratis”, que nadie le haga frente.

Las luchas, las movilizaciones, las campañas y la agitación no sólo se deben hacer de una manera organizada sino que, además, deben servir para organizar más y mejor, para llevar la solidaridad hasta el último confín.

7- Pasando al ámbito internacional, ¿cómo ves la situación en Oriente Medio y el conflicto en Siria?

Hay que tener cuidado con las palabras. En Siria no hay ningún conflicto; lo que hay es una guerra que ha costado la vida a más de 200.000 personas, aparte de que la mitad de la población ha tenido que abandonar sus casas. Lo mismo que en Irak, la guerra ha sido 
desatada por Estados Unidos, a través de sus satélites regionales, especialmente Arabia saudí, y los yihadistas, que han sido el brazo ejecutor de la desestabilización.
La guerra ha puesto de manifiesto las dificultades del imperialismo para sostener su posición en una región del mundo tan importante, así como sus nuevas formas de intervención. Yo soy de los que creen que esa guerra no se acabará nunca porque si nos atenemos a la experiencia más reciente, la guerra no se ha acabado ni en Afganistán, ni en Irak, ni en Libia.

El imperialismo trata de crear eso que llaman “Estados fallidos” porque de esa manera justifican su presencia sobre el terreno en combates a los que tratan de dar un aspecto más policial que militar. Pero finalmente estoy convencido de que ese intento de mantener 
la cuerda permanente tensa se va a volver en contra de sus patrocinadores, Estados Unidos y sus socios, que van a salir con el rabo entre las piernas.

8- Últimamente se habla de una III Guerra Mundial entre Corea del norte y EEUU, ¿cómo ves esta situación?

Es lo que tú dices: “se habla” de ello e incluso han enviado a un flota a las costas coreanas, pero yo creo que no van a ir más allá.  Son las amenazas y chantajes típicos de los imperialistas.
Corea es la frontera de China y Rusia y estos países no van a permitir que Estados Unidos haga allá lo que han hecho en Siria o en Libia. De hecho, no se ha insistido suficientemente en el despliegue militar, por tierra y mar, que han realizado ambos países, China y Rusia, que ha cortado el paso a la III Flota de la Armada enviada por Trump.

No obstante, es cierto que, lo mismo que en Oriente Medio o en Venezuela, la OTAN hostiga, especialmente a Rusia, a lo largo de su interminable frontera, empezando por el Báltico, siguiendo por Ucrania, luego el Cáucaso y Asia central, para acabar en el Extremo 
Oriente. Es una estrategia de asfixia, de la que forma parte la tensión permanente con Corea.

El imperialismo tiene una amplia experiencia en llevar esa tensión hasta el extremo, pero una III Guerra Mundial no puede empezar por Corea. Para una buena comida hay que empezar con un aperitivo y Corea puede ser muy indigesta.

9- Y para ir acabando, ¿cómo ves el futuro de la clase obrera ante el aumento de los fascismos en Francia u otros países europeos?

Eso no es una sorpresa para los comunistas. Ya lo dijo Dimitrov hace 80 años: en el futuro los países capitalistas no marcharán hacia una ampliación de las libertades, la democracia y los derechos más elementales. El que quiera libertad y democracia tendrá que luchar por acabar con el capitalismo.
En este asunto me preocupan tres cosas. La primera es que se identifica al fascismo con eso que llaman “la ultraderecha”, con los grupos de exaltados y no con el Estado burgués.

La segunda es que se identifica al fascismo con el pasado, con sus gestos y distintivos más superficiales, y no con sus nuevas formas de actuación, es decir, con el futuro.

La tercera es que si cualquier posibilidad de organización legal se va cerrando, el proletariado deberá pensar en otras formas de actuación que, en ese futuro que se nos avecina, serán cada vez más importantes, es decir, que el futuro de los antifascistas es una clandestinidad cada vez más estricta.

10- Y por último, nos gustaría que nos recomendaras algún libro o artículo que te hayas leído últimamente.
Pues tengo un problema con eso, porque yo leo cosas nada recomendables. Lo último que he leído es una mierda, un libro sobre el Bundesbank, el banco central alemán, que no recomiendo a nadie. Así que después de insistir tanto en la necesidad de organizarse, lo que sugiero es el clásico entre los clásicos, el “¿Qué hacer?” de Lenin. Ya se que es árido de leer, pero hay que hincarle el diente.

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